Mundo femenino: uno de los secretos para mantener el equilibrio

Vivimos en un mundo que nos demanda una alta exigencia en los distintos roles, hiperactividad para satisfacer esta exigencia y desplazamiento o postergación del ocio y de la vida social.

Tenemos una sola vida y tenemos que vivirla lo mejor posible, encontrando un balance que nos resulte aceptable para equilibrar nuestro tiempo  laboral y nuestro tiempo fuera del trabajo.

Como todo lo que hacemos en la vida pretende alcanzar un equilibrio entre dos estados del espíritu, el deseo y la culpa, uno de los secretos para mantener el equilibrio es nada más ni nada menos que evitar el heroísmo femenino.

Este fenómeno se observa más asiduamente en el rol familiar que en rol laboral, ya que en abundantes ocasiones las líderes femeninas llevan adelante a su equipo de trabajo con muy excelentes resultados. ¿Pero qué pasa en casa?

Parecería que las buenas prácticas sobre la organización del trabajo y  las comunicaciones efectivas adquiridas a través de los años de experiencia y de los soportes teóricos que tan bien conocemos, se desvanecen cuando nos sacamos los tacos.

Recordemos algo de lo aprendido, que muchas veces,  brilla por su ausencia en el seno del hogar:

  • Hacer foco. Priorizar las tareas.
  • Aprender a decir “NO”: el 90% de las personas tenemos dificultades para negarse a un pedido (y con nuestros hijos, el porcentaje sube.)

Al carecer de ejercicio en decir “no” adecuadamente, preferimos conceder lo requerido; y el sentimiento que subsiste es enojo, frustración o presión.

  • Aprender a delegar: “nadie lo hace como yo”, “no tengo tiempo de enseñarle a otro”, “si tengo que revisarlo, prefiero hacerlo directamente”.

Busquemos hacer las cosas una sola vez y con plena conciencia. Apliquemos algunos de los principios de liderazgo al grupo familiar.

Esto sólo lo lograremos si lo organizamos con anterioridad.

La familia puede considerarse como  un equipo de trabajo que tiene un fuerte objetivo en común, y funciona en la mayoría de los casos como una red de contención.

Esta red debería alinearnos constantemente hacia las relaciones nutricias, la conexión, el servicio y el sentido de pertenencia.

También es un excelente antídoto contra la corrosión social, las relaciones tóxicas, la desconexión, el individualismo, el egoísmo y hasta el aislamiento.

Solo tenemos que abandonar a la “mujer maravilla” que habita en nosotras.

LinaDeGiglioLina De Giglio

Directora Capacitar Desarrollo Empresario

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